BERARDO DE CASTACCA
por
Federico MessanaEntre todos los personajes que por algùn motivo pueden ser incluidos entorno a la historia y a la figura de Federico II, un lugar importante, si no preeminente, es ocupado seguramente por el fiel BERARDO de CASTACCA. Berardo, sacerdote de 35 años, que conocìa muy bien a los padres de Federico, (y que se habìa movido para darle una digna sepoltura a Enrico VI despuès de su muerte, acaecida en Messina), lo acompañò ininterrumpidamente desde su nacimiento hasta su muerte, en la buena y en la mala suerte, dividiendo honores y gloria, però tambien dificultades, excomulgaciones y peligros de varios tipos. Pràticamente, viviendo constantemente en la corte del Emperador, fue despensador de consejos y sugerimientos a Federico, al punto que fue considerado como un segundo padre. Su consideraciòn hacia el Emperador fue hasta superior a la que habrìa debido tener hacia el Papa, siendo obispo de la iglesia, y arzobispo. El mismo Federico declarò que: "… èl en toda circunstancia estuvo a nuestro lado y mucho soportò por nosotros".
Berardo fue entre los dignitarios y familiares que asistieron a Federico en el lecho de muerte, que le diò la extrema unciòn, y que en precedencia habìa unido en matrimonio Federico con la dulce Blanca Lancia muriente.
Federico II enfermo y su corte en su cabecera por una miniatura medieval.
Transportado en Palermo, Federico fue depuesto en el sarcòfago de pòrfido rojo en el Duomo, bendecido por el fraterno amigo Berardo, segùn la crònica de Francisco Pipino: "Per manus Berardi Panormitani archiepiscopi in majori Panormitana ecclesia cum divis Augustis ejus parentibus, sicut disposuerat, honorifice tumulatum est corpus ejusdem".
Parece que haya sido Berardo el artìfice de la epìgrafe (algunos hablan, al contrario, de un cierto clèrigo Trontano) puesta en su tumba, que asì recita:
Si probitas, sensus, virtutum gratia, census,
Nobilitas orti possent resistere morti,
Non foret extinctus Fredericus, qui jacet intus.
(Si la honestad, la inteligencia, las màs altas virtudes,
la sabidurìa, la buena reputaciòn y la nobleza
de la sangre pudieran resistir a la muerte,
Federico, che aqui reposa, no habrìa muerto)
mira nota màs abajo
Durante la menor edad de Federico, el Papa Inocencio III lo introdujo en el colegio de tutela, y de allì evidentemente naciò el sentimiento que le habrìa llevado a ser uno de sus màs fieles sostenedores. Berardo en el 1207 fue nombrado arzobispo de Bari, y apoyò al Emperador en la dura lucha contra Otòn IV. (La posiciòn de Otòn, sostenido por las fuerzas guelfas y por Inglaterra, era muy fuerte, y la ciudad de Costanza ya se preparaba a recibirlo con todos los honores, cuando llegò ante de èl Federico y su corte, encontrando cerradas las puertas de la ciudad. Sòlo la lectura, por parte del Obispo Berardo, del decreto de excomuniòn papal hacia Otòn, logrò convencer a abrir las puertas de la ciudad y a dejarle entrar triunfalmente, dando asi un duro golpe a Otòn, llegado pocas horas despuès.
Su visceral leadad fue reconocida tambien por Inocencio III, que en aquel periodo iba muy de acuerdo con Federico.
En aquellosi años las crònicas lo ven en primer plano: acompaña Federico en su màs que aventuroso viaje en Alemania, en el 1215 sostiene los derechos de Federico contra Otòn en el Concilio Lateranense, acompaña a Costanza y a su hijo en Lombardia, en el 1216. En el 1214 habìa sido nombrado Arzobispo de Palermo.
Gran relieve tuvo en las relaciones de Federico con Malik al-Kamil, sultàn de Egipto. De hecho fue su embajador en la corte del sultàn, donde tratò los preliminares para la Cruzada, y llevò en regalo al Emperador el famoso elefante ( llamado por Federico amistosamente 'Malik') que se llevò con èl por años por toda Italia, incutiendo temor en la poblaciòn que jamàs habìa visto una bestia igual.
Berardo acompañò a Federico en su cruzada, y de regreso participò a las negociacionesi para la paz de San Germàn.
En el 1235 Federico lo nombrò miembro del colegio de los "familiares", y siguiò al Emperador en todas las campañas de guerra.
No obstante su incondicionada devociòn hacia Federico, la Sede Apostòlica no cesò de honorarle de la màxima estima, por su comportamiento e irreprensible: esto lo rendìa particularmente adapto a la mediaciòn. Razòn por la cual, en el 1243, Federico lo encargò de ir al Vaticano, para discutir, como un buen orador, la paz con la Iglesia; mas Inocencio IV non lo quiso siquiera recibir porque "excomulgado" per avere seguito e sostenuto un imperatore a sua volta estromesso dalla chiesa. In seguito venne assolto dalla scomunica, ma solo per portare avanti le trattative (Che commercio veniva fatto della scomunica!).
Despues de la deposiciòn en el Concilio de Lyon, Federico estaba seriamente preocupado, y para atenuar los efectos de la excomuniòn, hizo profesiòn de fè en las manos del arzobispo de Palermo, Berardo, del obispo de Pavia al abad de Montecassino, que, aunque a èl polìticamente cercanos, eran siempre autoridades eclesiàsticas de relieve: y estos, de hecho, lo declararon "perfectamente ortodoxo".
Su mayor mèritofue el de haber presentado a Federico, "el encantador" Pier delle Vigne que, como sabemos, fue el brazo derecho del Emperador en materia de doctrina del derecho.
Y no podìa faltar el lado amoroso! Se dice, de hecho, que Federico fue el amante de una nieta de Berardo, una cierta Manna.
Fiel siempre al Emperador, no respondiò tampoco a las solicitaciones de Inocencio IV que, tratando de llevar de nuevo la Iglesia del reino de Sicilia bajo la obediencia de Roma, trataba de llevarlo a su parte, a su decir, para salvarlo de las penas del infierno, dada su avanzada edad. La muerte de hecho lo sorprendiò, a ochenta años pasados, el ocho de septiembre del 1252, ahorrando al Papa una segura y cociente delusiluciòn.
Nota: e
l epitafio citado arriba y hoy non existente, fue probablemente dañado y quitado de la tumba por el canònico Ruggero Paruta, que en el 1538 compuso tambien los versos para los sepulcros de Enrique VI y Constanza de Altavilla.Aqui abajo està el texto del epitafio presente actualmente sobre la tumba de Federico II:
Qui mare, qui terras, populos et regna subegit,
Caesareum fregit subito mors improba nomen,
Hic jacet, ut cernis, Fredericus in orbe Secundus,
Quem lapis hic, totus cui mundus paruit, arcet.
Como ves, aqui yace Federico Segundo,
que, por tierra y por mar, sometiò pueblos y reinos,
una inesperada, improba muerte quebrò el nombre de Cèsar.
Esta tumba encierra aquel a quien obedeciò
el mundo entero.
Traducciòn por Antonio Edgar Battaglia