Ezzelino III de Romano (1194-1259)
por
Federico MessanaLa historia, hasta el siglo XII, habìa mencionado a personajes grandes por su valor militar o perversos por ambiciones sin lìmites, y entre ellos eran mencionados personas tranquilas o violentas, malas y generosas; pero en pocos de ellos la malicia se transformaba en maldad, la violencia en ferocia, la frialdad en cinismo. La dedicciòn hacia actos violentos de sangre no era el motivo inmediato de sus acciones, sino el medio para lograr los fines prefijados. Aùn asì, podìan ser definidos "hombres" y no bestias. En la vida agitada de estos personajes brillaba algùn rayo de amor, un pensamiento de afecto y de piedad, un pequeño sentimiento de arrepentimiento. Pero Ezzelino III de Romano, estando a las crònicas, no fue hombre sino bestia, nunca tuvo piedad, siquiera por sì mismo; jamàs probò amor, ni arrepentimiento! Probò solamente bestial sed de sangre, alegre por encontrarse siempre entorno a sì victimas moribundas que imploraban una piedad jamàs concedida.
Cuando il padre Ezzelino II se retirò a vida monàstica, dejò al hijo Alberico los feudos de Treviso, y al otro hijo Ezzelino III los castillos entre Verona y Padua. A ambos el Emperador Federico II en el 1232 habìa acordado una particular protecciòn. Ezzelino habìa sido màs afortunado y astuto del hermano, que habìa sido obligado por los paduanos a pasar a la parte guelfa. De hecho en el 1235 logrò hacerse nombrar por el Senado a podestad, con el tìtulo de capitàn del pueblo. Y para mejor defenderse de los ataques de los guelfos, convenciò a Federico II a establecer en la ciudad un bastiòn de militares y a hacerse nombrar comandante. El 16 de agosto del 1236, Ezzelino convenciò a Federico, que se encontraba en Alemania, a bajar a Italia: cosa que puntualmente hizo, pasando por los valles de Trento unièndose a las fuerzas de Cremona, Parma, Mòdena y Reggio, y sometiendo a hierro y fuego los alrededores de Màntova, Brescia y Vicenza. Despues, regresò a Alemania para saldar las cuentas con el duque de Austria, dejando el comando a Ezzelino. En esos momentos el marquès de Este habìa establecido la paz con Federico y con Ezzelino. En el 1236 se casò con Selvaggia, hija natural de Federico (o talvès prima de Blanca Lancia, su amante y madre de Manfredi), al cual garantizaba libertad de transito por el importantìssimo camino de la Valle de Adige. Ezzelino, mientras tanto, jugando de astucia, se apoderò de Padua, obligando a la fuga a los màs potentes ciudadanos, demoliendo sus casas, y haciendo nombrar podestad a un amigo suyo, un cierto conde de Teatino, napolitano. Reencendida la lucha contra el marquès de Este, Ezzelino le quitò sus dominios y lo obligò a retirarse a Rovigo. Federico però tratò de hacerles pacificar, organizando la boda entre Rinaldo, hijo del marquès de Este, con Adelaide, hija de Alberico. Però, muerto Gregorio IX y partido Federico, Ezzelino iniciò su obra de conquista. Asediò los castillos del Brenta, se apoderò de los territorios del marquès de Este, atacò el castillo de San Bonifacio, ocupò las tierras de Treviso, si bien fuesen del hermano; sometiò Feltre y Belluno, llegando asi a ser el "señor" de todos los pueblos que se encontraban entre las Alpes de Trento y el Oglio. No dudaba de asesinar a sus enemigos, se apropiaba de sus bienes, demolìa sus casas. Por una mìnima sospecha de conspiraciòn aplicaba terribles torturas, llenando las prisiones de gente a menudo inocente.
A tanta ferocìa se opuso el Papa Inocencio IV que lo excomulgò (1254) y promoviò una cruzada, incitando a los obispos y las ciudades de la Lombardia, Emilia y Marca Trevisana. Ezzelino, viendo acercarse la tormenta, se reconciliò con el hermano que governaba aùn Treviso, y estrechò alianzas con Oberto Pelavicino y Buoso de Doaro. Luego, asediò Padua, que resistiò, pero entrò en Brescia, que manchò de sangre volvièndose el padròn absoluto. A este punto, el Pelavicino y Buoso de Doara lo abandonaron, unièndose a la lega de los cruzados, el 11 de junio de 1259. Pero Ezzelino asedia el castillo de Priola, cerca de Vicenza, y hace mutilar a cuantos se habìan refugiado. Luego, marcha hacia Milàn! Los milaneses, conducidos por Martino de la Torre, tratan de evitarlo, pero este atravesa el Oglio y la Adda y ataca Monza. Rechazado, ataca el castillo de Trezzo, se apodera de Cassano. Herido a un piè, huye hacia Bèrgamo, donde finalmente es derrotado y capturado.
Un històrico asì describe su fin: "Conducido en la tienda de Buoso de Doara, amenazoso, encogido sobre sì mismo, metìa miedo a sus circunstantes con la inmobilidad de su mirada inclinada, una mirada feroz en un aùn màs feroz silencio. Vièndolo en tanta miseria, le mandaron mèdicos para que le curasen. Pero èl se quita furiosamente las bendas que cubren las plagas y despues de once dias de horrible agonìa, transportado a Soncino, èl rinde su espìritu a Dios y sus execradas encuentrar en la tierra reposo". Era el 27 de septiembre de 1259. Asì quiso morir con la misma feroz obstinaciòn con la que habìa en un solo dìa hecho asesinar diezmil paduanos.
Retrato de Ezzelino III de Romano.
Su hermano Alberico fue obligado a rendirse en su castillo el 25 de agosto de 1260 y, despues de haber asistido al homicidio de sus hijos y de sus hijas, fue amarrado a la cola de un caballo.
Dice de èl Salimbene: "Hic plus quam diabolus timebatur…. Nec Nero in crudelitatibus simils ei, nec Domizianus, nec Decius, nec Dioclezianus, qui, fuerunt maximis in tyrannis".
La madre de Ezzelino, que se reputaba una maga, habìa predecido al hijo que su fortuna habrìa desaparecido "in Axanum". Asi que Ezzelino estuvo siempre lejos de Bassano Veneto. Pero cuando en el septiembre del 1259 se encontrò a en una mala situaciòn, y supo que se encontraba cerca de Cassano, exclamò: "Heu Caxan Axan Baxan! Hoc lethum michi, Fatale dixit mater; hic finem fore!".
Las crònicas describen a Ezzelino de Romano como bajo, arrogante, la mirada terrible, mientras la historia lo ha etiquetado con el tìtulo de "feroz"; las leyendas populares lo describen como el Anticristo, pero son tambien legendarias las maldades que se le han sido atribuìdas.
En el 1237 lo encontramos en la batalla de Cortenova, al lado del Emperador. De aspecto terrificante, impetuoso en la batalla, cruel y violento con los enemigos, su presencia en el campo de batalla contribuyò mucho a multiplicar el corage y el entusiasmo de los soldados.
Ezzelino, en conclusiòn, fue un terrible personaje que era siempre mejor tener como amigo.
Traducciòn por Antonio Edgar Battaglia
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