Consideraciones finales sobre Federico II
FEDERICO II y LA HISTORIOGRAFIA MODERNA
Federico II es sin duda uno de los protagonistas màs contradictorios de toda la historia no sòlo medieval; no es improprio afirmar que ningùn estudioso ha logrado hasta hoy iluminar completamente su personalidad dàndonos una representaciòn humana e històrica muy convincente. Es suficiente leer las obras de dos recientes ilustres medievalistas — Ernst Kantorowicz y David Abulafia, el primero incondicionadamente entusiasmado, el segundo muy crìtico hacia el personaje — para darse cuenta de cuànto las posiciones sean aùn distantes.
Si por un lado, como nos cuenta Antonino de Stefano, "la mayor parte de los juicios errados o inesactos sobre su cuenta se deben a la confusiòn que comùnmente se hace entre elementos històricos y legendarios", por otra parte es verdad que las luchas religiosas y civiles que lo vieron protagonista han llevado por largo tiempo evaluaciones interesadas que no han contribuìdo a la formulaciòn de juicios verdaderamente serenos.
No es necesario citar a cronistas medievales como el fraile menor Salimbene de Adam para darse cuenta que aùn hoy algunos escritores privilegian la defensa de posiciones antihistòricas, provocando reacciones que no acercan a la verdad o por lo menos a un general acuerdo.
Indipendientemente a estas consideraciones, podemos pensar que Federico II puede tener el aprecio de los màs atentos observadores de nuestro siglo, ademàs que como estadista, el conductor de masas, el legislador, como el hombre de poder que primero tratò de aplicar el precepto de la hermandad y de la integraciòn racial, mutuado por las experiencias en la Palermo del docientos; como el polìtico que viò la posibilidad de unificar Italia desde el punto de vista no sòlo legislativo y territorial, tambien cultural, linguìstico, literario; como el hombre que habrìa podido anticipar de siglos la llegada de una sociedad laica y aconfesional, conduciendo Italia hacia la aprobaciòn de los Estados nacionales europeos màs avanzadosi. No es poco.
En la carta apostòlica TERTIO MILLENNIO ADVENIENTE del 10 de novembre de 1994, Juan Pablo II habla de la conciencia adquirida en algunos siglos por los hijos de la Iglesia de "...metodos de intolerancia y tambien de violencia al servicio de la verdad". Serìa bonito pensar que estas palabras de un Pontìfice iluminado pudieran llevar a una revisiòn històrica global, en la cual Federico II podrìa asumir un ruelo central, saliendo no cierto como un santo pero almenos como un hombre de su tiempo muy cercano a la concepciòn de la Europa moderna.
Traducciòn por Antonio Edgar Battaglia
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