LA CRUZADA DE LOS EXCOMULGADOS

por Carlo Fornari

 Todos sabemos que las Cruzadas en Tierra Santa fueron lanzadas por mil motivos comerciales, politicos, sociales… que se sumaban a aquellos estrictamente religiosos.

Asì, cuando en el 1220 Onorio III coronò en Roma Federico II Emperador,

è junto al acto formal de vasallaje a la Iglesia

è le impuso la organizaciòn en tiempos breves de una expediciòn para conquistar Jerusalèn, desdehace demasiado tiempo ocupada por los infieles.

Con este pedido el pontìfice respondìa a una espera de la Cristiandad, pero al mismo tiempo alejaba por algùn tiempo de Europa a Federico II, un peligroso rival del Papado que pretendia administrar el poder espiritual y temporal.

Pero Federico II no tenìa alguna intenciòn de abandonar los propios intereses para dedicarse a una guerra en la cual no veìa la utilidad; y que ademàs le habrìa perjudicado la amistad que tenìa con los Musulmanes de Sicilia. Por su parte Onorio III, que era un santo hombre, un papa de mangas largas, aceptò en buena fe los pretextos aducidos  por el Emperador para aplazar la expediciòn.

Las cosas cambiaron ràpidamente en el 1227, cuando llegò al Papado Gregorio IX: un pontìfice volitivo, decisionista, que, vistas los repetidos incumplimientos del Emperador, le impuso la partida hacia Oriente antes del fin de ese año.

A mediados de agosto Federico estaba listo para salpar desde el puerto de Brindisi. En el inmediato interior estaban amontonados al sol cociente  42.000 Cruziados, pero una epidemia — almenos asì sostenieron las fuentes imperiales — impidiò la partida.

è A la noticia Gregorio IX  se enfureciò: se sintiò engañado, no quiso reconocer atenuantes y excomulgò al Emperador junto a aquellos que habìan contribuìdo al fracaso de la expediciòn.

Federico acusò el golpe: aunque el pontìfice no estaba dispuesto a la comprensiòn, decidiò partir igualmente el año siguiente 1228, pero evidentemente las naves salparon sin la bendiciòn papal.

Iniciaba asì la que ha pasado a la historia como la "Cruzada de los Excomulgados".

La Cruzada de los  Excomulgados ha sido la ùnica expediciòn en Tierra Santa concluìda victoriosamente sin esparcimiento de sangre: un acontecimiento al cual se deberìan inclinar todos aquellos que aman realmente la paz y la fraternidad. Però no serà siempre asì. 

Llegado a Oriente, Federico II

no tenìa alguna intenciòn de emplear tiempo y recursos en una guerra que retenìa inùtil para la Cristiandad y dañina para el Imperio. Y ademàs, habiendo a menudo dado prueba de ser un buen jefe, èl llevaba en su ìntimo el germen del pacifismo que no le consentìa sacrificar vidas humanas cuando no era estrìctamente necesario.

Federico II encuentra el sultàn Al-Kamil, por la crònica de Villani.

Decidiò entonces de entablar negociaciones con el sultàn de Egipto Malik Al-Kamil contando con tres factores:

Las negociaciones fueron largas y difìciles, pero  al final se llegò a un acuerdo:

Al final, Federico quiso ser coronado Rey de Jerusalèn; pero siendo excomulgado, no encontrò autoridàdes cristianas disponibles a la ceremonia. Asì que llegò a una solemne autocoronaciòn, que hoy suena como un acto de potencia envès de un  sìntoma de emarginaciòn.

Naturalmente, una guerra religiosa no podìa terminar sin esparcimiento de sangre, sin vìctimas, …sin màrtires. El suceso de Federico II acentuò envès de reducir el contencioso existente entre Papado e Imperio.

                                                                   Traducciòn por Antonio Edgar Battaglia

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