Federico II y su Corte
Federico II y su corte, por una miniatura medieval.
La fascinaciòn que circunda su persona es debida sobretodo al hecho que èl supo interpretar contemporàneamente muchas situaciones que hoy nos aparecen entre ellas abiertamente contrastantes. Y eso no por incoerencia o astuto oportunismo, sino porque debiò dominar un perìodo de profundos cambios, forcejeado entre integralismo catòlico y estado laico; supersticiòn y ciencia naciente; dogmatismo, herejìa y libre pensamiento. Y en cada situaciòn èl diò siempre un ejempio de libertad interpretativa y de tolerancia ideològica difìcilmente incuadrable en una religiòn o, màs en general, en un movimiento de opiniòn.
Federico II fue al mismo tiempo un hombre medieval y moderno: el Medio Evo significaba para èl la concepciòn del mito imperial, fuerte, con un poder universal que le venìa directamente por Dios; la modernidad estaba presente en su apertura a integraciones culturales y equilibrios polìticos siempre nuevos. La posiciòn de Federico II de frente al mundo intelectual de su tiempo nos demuestra que èl habìa ya entendido el concepto de la unidad y de la universalidad del saber humano, con lo que se abolìa cada diferencia entre un cristiano, musulmàn y hebreo, en un dimensiòn que hoy podrìamos definir ecumènica.
Sin discriminaciòn de raza y de fe, su Corte acogiò a todos los principales hombres de cultura que en ese momento eran portadores de las teorìas de mayor avanguardia, mirando sobretodo a las màs avanzadas escuelas de Oriente; tanto que los cronistas medievales y los escritores de inspiraciòn catòlica lo han màs veces definido un Musulmàn bautizado. Vista la fuente, no hay duda que el apelativo haya tenido un tono fuèrtemente polèmico casi denigrador, porque en las batallas de fe la peor ofensa ha sido siempre la de ser considerados de la religiòn opuesta o adversaria.
Miniatura medieval que representa estudiantes en la Universidad.
Reordenò la Escuela Mèdica Salernitana, donde fue instituida la primera càtedra de Anatomia. La Corte sueva se convirtiò asì en un extraordinario centro cultural y cientìfico destinado a ser recordado, en la memoria de la posteridad, como una isla feliz.
Particular menciòn merece la activitad literaria, porque Federico II recogiò alrededor de la Magna Curia la escuela que fue llamada siciliana, a la cual el mismo Dante reconocerà la prioridad historica en el poetar en lengua vulgar y en la formaciòn del lenguaje poètico italiano. En realidad esta escuela no tiene mucho de estrictamente siciliano, aparte el origien de algunos de sus romanzadores y cierta somejanza con la el hablar isleño siciliano. Este hecho va asignado a mayor razòn al Emperador que supo acoger e integrar literatos de varias proveniencias geogràficas; y, si es verdadera la influencia de la hablar sìculo, con la misma facilidad se puede señalar la contribucòn de las influencias daunias.
Las lìricas expresadas por esta corriente poètica hablan de amor, lamentan la lejanìa de la amada, celebran su belleza. Se articulan con una mètrica nueva, fina: Jacobo de Lentini es considerado el ideador del soneto, adoptado desde entonces por màs de siete siglos. Al Emperador mismo han sido atribuidas tres lìricas: Dolze mio drudo, De la mia disianza y Sospiro e sto n racura.
Esta es la lìrica De la mia disianza:
De la mia disianza
co penato ad avire
mi fa sbaldire - poi chi nò ragione,
Che mà data fermanza
comio possa compire
lu meu placire - senza one cagione,
a la stagione - chio laverò n possanza.
Bajo el perfil polìtico e institucional Federico II no fue menos innovativo. Su actividad mirò a la creaciòn de una monarquìa absoluta e iluminada, que habrìa encontrado concreta realizaciòn, aunque con las modificaciones impuestas por los tiempos, solo en el '700; sus leyes acogieron e integraron las màs modernas elaboraciones del tiempo, resistiendo a siglos de evoluciones jurìdicas; las luchas con el Papado, a menudo cruentas, para afirmar los derechos del Estado laico, le procuraron tensiones, incomprensiones y luchas no aùn removidas del todo en el alba del Terzer Milenio.
Federico II, con il su corte y su gobierno, no residìa nunca por largo tiempo en un lugar fijo. Aunque poseìa castillos en todo el Meridiòn de Italia e edificios suntuosos en las fieles ciudades de Cremona y Parma, la suya era una Corte itinerante, talvès ùnico ejemplo en la historia del Medio Evo cristiano. Este hecho dependìa de las exigencias de gobierno que le imponìan continuos traslados; pero asì podìa tambien satisfacer su aptitud por la vida nòmada, mutata por los continuos contactos con el mundo àrabe.
Asì, la Corte imperial se movìa a menudo desde la Sicilia hasta Alemania; y entonces las calles estaban animadas por un espectàculo exclusivo, innnarrable, que hacìa efectosobre la gente, que tenìan como ùnica diversiòn las funciones religiosas y las fiestas del pueblo. El corteo, descrito por varias fuentes, veìa desfilar caballos sarracenos purosangres, elefantes, camellos, odaliscas, eunucos, saltimbancos... e con ellos pajes, ministros, buròcrates, notai, escribas; y tambien militares, perros de caza, animales feroces, a quienes se mezclaban inevitablemente hombres del pueblo en bùsqueda de fortuna y aventureros. Al centro del desfile, organizado por refinados escenògrafos para estupir a la gente, animar a los fieles e incutir subjeciòn a los enemigos, estaba èl, el divino, que no podìa pasar inobservado por la carroza que lo transportaba y sobretodo por su exepcional porte. A veces, atravesando las ciudades màs pobladas, se mostraba a caballo, sillando el famoso Dragòn, con el traje preferido de cazador.
El Emperador dà ordenes a sus halconeros, por una miniatura de la versiòn francès del "De Arte Venandi cum Avibus"
Como muchos hombres no sòlo medievales, Federico II nutrìa una profunda pasiòn por la actividad de la caza que consideraba màs que un deporte: una arte, casi una ciencia; y estaba afascinado por la caza con el halcòn, una pràctica de origen irànica probablemente introducida en Europa por los Arabes. No menos viva era la pasiòn que nutrìa por los pàjaros, comparable a la de un atento naturalista y de un fino etòlogo, intentando observar su disposiciòn en vuelo, su comportamiento durante las tempestades marinas, el modo como costruìan los nidos. Todo aquello està testimoniado en un trattado que ilustra el arte de cazar con los pàjaros De arte venandi cum avibus decididamente notable y moderna sea por la agudeza de la observaciòn que por el rigor y la vivacidad de la expresiòn. La obra mete a fructo las observaciones efectuadas en el curso de muchos años, comparadas con los conocimientos ornitològicos de los antiguos y en particular de Aristòteles, gracias al hecho que su obra habìa sido desde hace poco traducida del àrabe por Miguel Scoto.
Si deseas saber màs sobre la escuela poètica siciliana visita la pagina dedicada a la Escuela Poètica Siciliana
Esta pàgina ha sido realizada con la colaboraciòn de Carlo Fornari, estudioso de Historia medieval y autor de varias obras, entre ellas FEDERICO II, UN SOGNO IMPERIALE SVANITO A VITTORIA - Parma, Silva Editor, 1998 - en el cual ilumina los ùltimos años de la vida del Imperador y hechos que condujeron a su derrota, generalmente descuidados por las biografias.
Traducciòn por Antonio Edgar Battaglia
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