SOBRE LA MUERTE DE FEDERICO II
Y SOBRE LA EXTINCION DE LA DINASTIA SUEVA
Las diatribas medievales no abandonan a Federico II siete siglos y medio despuès de su muerte
En ocasiòn de la apertura de su sepulcro sucedido el 2 de noviembre de 1998, han visto la luz tambien las polèmicas sobre la extinciòn de la dinastìa sueva. En extrema sìntesis se puede decir que existen dos distintas versiones:
è
una gibelina, màs acomodante y tradicionalista, que echa sospechas y culpe sobre los pontìfices;è
è una guelfa, que dà culpas a los herederos del emperador.
LA VERSION GIBELINA
. . . . . . En el 1250 Federico II estaba alojado en el palacio imperial de Foggia. Su actividad polìtica estaba orientada a la bùsqueda de alianzas para reproponer una guerra diplomàtica y militar a Inocencio IV aùn exiliado en Lyon. En el plano familiar habìa hecho casar a Bianca Lancia que le habìa dado a Manfredi, el hijo que le asomejaba màs caracterialmente; de esa manera no habrìa sido difìcil involucrarlo en la sucesiòn y obtener su colaboraciòn en el pasaje de consignas. Mientras tanto no renunciaba a recrearse dedicàndose a sus deportes preferidos.
Al inicio de diciembre, durante una batida de caza en los campos de la Capitanada, fue cogido por violentos dolores abdominales, sìmili a aquellos que a dicha de los mèdicos cuarenta y ocho años antes habìan llevado a la muerte del padre Enrique VI. Inmediatamente socorrido, fue transportato al castillo de Fiorentino: allì tuvo sòlo el tiempo de confirmar las disposiciones testamentarias y terminò sus dìas el 13 de diciembre.
Sus ùltimas voluntades asignaban el ambicionado Reino de Sicilia a Corrado, IV de la dinastìa, el hijo que habìa tenido con Isabel de jerusalèn; en su ausencia, Manfredi debìa reinar en calidad de vicario.
Las relaciones entre Corrado y Manfredi parecieron al inicio correctas, no conflictuales, òptima iniciode una duradera colaboraciòn. Pero llegado en el Meridiòne de Italia, Corrado IV acusò una situaciòne de grave, creciente empacho, porque a las previstas dificultades polìticas se sumaron problemas de adaptamiento al clima y las costumbres mediterràneas. Asì iniciò a decader lentamente, muriendo en el 1254 a sòlo 26 anni. A lui subentrarà el hermanastro Manfredi.
Los decesos de Federico II y de Corrado IV no dejaron indiferentes a los cronistas de parte gibelina. La veloz muerte del Emperador, que no tenìa una diagnosis convincente, consintiò hipotizar un atentado guelfo: en fondo el Papa habìa ampliamente demostrado su determinaciòn al delito ya en la conjura del 1246. Por lo que concierne a Corrado, nadie creyò a un decadimiento fìsico precisamente en Apulia, en la tierra que lo habìa visto nacer. Pero Manfredi asegurò a todos que no fue asì, tranquilizando a todos: a la Corte, a los herederos, al pueblo, a las naciones aleadas.
LA VERSION GUELFA
. . . . . . En el 1250 Federico II, rifugiadose en la domus de Fiorentino despuès de la derrota de Parma del 1248, veìa riducirse las posibilidades de revancha sobre el pontìfice. Estaba cansado y demotivado; pero mucho màs grave era el estado del conflicto con Manfredi, el hijo que habìa tenido con la amante Blanca Lancia. Para reducir los motivos del contraste decidiò casarse con la mujer: cosa esta que le habrìa consentido ligar a Manfredi el Ducado de Tarento y de darle el gobierno del Reino de Sicilia en la espera de la llegada del legìtimo heredero Corrado, hijo de Isabel de Brienne.
En esta situaciòn, Manfredi decidiò acelerar la sucesiòn para aprovechar de las oportunidades que le daban la ausencia de Corrado, empeñado en Alemania; decidiò asesinar a su padre. Obtenido el placet del cocinero de la Corte, le hizo suministrar cotidianamente ligeras dosis de arsènico predispuestas por el cardenal Hugo Borgoñon: se preparaba una muerte lentìssima, que no habrìa ensospechado a nadie y superado las "pruebas" de los servidores sarracenos. Pero el proyecto corrìa el riesgo de llevarse demasiado tiempo: Federico, intuìda la posibilidad de una conjura, habìa iniciado una dieta preparada por un fiel discipulo a base de fruta cocida y desertaba todos los banquetes. Hasta cuando Manfredi decidiò eliminar al padre directamente, sin perder màs tiempo, sofocàndolo con una almohada: y lo hizo en modo tan torpe que le provocò una lesiòn del secto nasal.
Cuando Corrado llegò al Reino de Sicilia, Manfredi non se descompuso, limitàndose a presentar la "dieta" sugerida por el cardenal Hugo Borgoñon.
Por la Crònica de Villani, Manfredi que sofoca al padre.
Esta vez el plan tuvo el suceso deseado: el joven prìncipe tenìa una resistencia fìsica muy inferior a la del padre, y ademàs no fue difìcil justificar las consecuencias del arsènico con un genèrico desadaptamiento al ambiente mediterràneo.
Se dice que "el diablo hace las ollas pero no las tapas". Ya inmediatamente despuès de la muerte de Federico iniciaron a circular iconografias guelfas que retraìan a Manfredi en el acto de sofocar al padre, mientras sobre la muerte de Corrado, el fraile Salimbene iniciò a hablar de un "clìster envenenado".
Y ENTONCES?
Despuès de 750 años los decesos de Federico II y de Corrado IV que estàn a la base de la extinciòn de la dinastia sueva hacen aùn discutir. Pero aparte las labiles fuentes escritas del tiempo, ahora la verdad deberìa estar cerca (ver: Palermo: nueva reapertura del Sarcòfago de Federico II ).
La esperanza es que la reciente reapertura del sarcòfago de Federico II pueda consentir el anàlisis de laboratorio capaz de acertar sobretodo si el " Stupor Mundi" muriò verdaderamente con el veneno en el cuerpo. Se sabe que el arsènico deja trazas absolutamente indelebles, a prueba de siglos.
Traducido por: Antonio Edgar Battaglia
Ver tambien: MORIRAS SUB FLORE